16 Mayo 2012
No tengo predilección por los tipos grises y sin suerte. No busco a hombres callados al final de la barra, esos que se van sin haberse ligado a la camarera. No me fascinan los perdedores que agachan una y otra vez la cabeza porque no les queda otra que resignarse y volver a intentarlo desde la casilla inicial.
Pero reconozco que a veces sus historias me despiertan mucho más interés que las de los tipos que llegan a la casilla ganadora. Seguramente porque hay pocos seres con éxito que sepan diluirlo sin que les cojas manía.
Fobias y filias aparte, es imposible que la historia de Carlos te deje indiferente. Sus tropiezos te roban toda la atención. Cada capítulo que sale de su boca te lleva a una sencilla conclusión. Que no puede ser. Que cuesta creerse que la vida le dé tantos reveses al mismo protagonista. Que tanta desgracia no puede caber en tan pocos años. Pero él, sencillamente, baja la mirada y te dice, muy bajito, que sí...
Porque Carlos duerme desde hace días en una tienda de campaña. Porque tiene tres hijos de tres relaciones. Porque tuvo que cerrar el bar en el que invirtió todos sus ahorros. Porque lleva muletas después de caerse por una escalera. Y collarín porque los Mossos le pegaron una paliza.
Ayer me dijo que se iba a su tienda de campaña a las cuatro de la tarde. Le contesté, ignorante, que si no hacía demasiado calor para refugiarse entre plásticos. "¿Y adonde quieres que vaya?" replicó para dejarme sin respuesta.
Dice que está muy cansado. De las muletas y de pedir ayuda. De tirar la moneda y que siempre caiga del mismo lado. Maldito lado. Pero al menos sigue tirándola. Es lo bueno de los tipos sin suerte. Que callan. Que se resignan. Pero que a la mañana siguiente vuelven a jugar. A la noche siguiente regresan al bar a ver si la camarera les sonríe de una vez.
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30 Marzo 2012
No hace falta tener hijos para que te duelan este tipo de accidentes. Un maldito accidente. De los más insospechados. De los más desgraciados. De los más inolvidables.
Después de media hora intentando salvarle la vida, el bebé murió. Tras haberse atragantado con un trocito de pera.
Dicen que los niños de la guardería, minutos después, seguían jugando. Al margen de todo. Sin consciencia de lo que acababa de pasar. Sin tiempo aún para echar de menos a uno de sus compañeros de juegos. Y dicen que a unos metros de distancia, la suficiente para que los niños no las vieran, las monitoras se abrazaban desconsoladas. Apretando los dientes de rabia. Intentando encontrar una respuesta que calmara tanta impotencia. En vano.
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31 Enero 2012
Llegamos a Lleida con algún grado bajo cero. Pero el frío desaparece en cuanto Milagros nos abre la puerta de su casa. Entre risas y amabilidad nos cuenta su historia. Y no entra en detalles de los escalones que ha tenido que sortear porque es lo de menos. Es de esas personas que no se rinde. De las que da rabia despedirse.
Cuando entramos en la casa de Cambrils de Santiago se respira alivio. Y antes de atendernos Santiago sólo nos pide que esperemos a que se fume un cigarro. A Santiago la mala suerte y la horrible burocracia le dejaron cinco meses en la cárcel. Y en vez de comenzar a recuperarlos y abrazarse a su familia sin cámaras nos atiende con una paciencia sin límite. Sólo nos pide el tiempo de un cigarro.
Alberto nos regala tanta amabilidad y paciencia nada más abrirnos su puerta. En el recibidor nos anima a bajar al sótano, en el que vemos todo un museo de recuerdos. Ya en un sofá hablamos de Francia, de cultura y de la hipocresía de los políticos de siempre. En las pausas disfruta de un fino. Cerrando los ojos para que no se le escape el aroma jerezano.
Entrevistados sencillos. Sin prisas ni prejuicios. Que entienden nuestro trabajo con una complicidad con la que uno olvida, por momentos, las mezquindades de otros días. Así que mil gracias a ellos... se merecen el reportaje más decente del mundo.
PD. Milagros es la de la foto. Con sus hijos. Como dice ella, "los ojos que le animaban a seguir intentándolo".
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13 Diciembre 2011
Uno lleva meses escuchando historias de desahucios. Mucho tiempo. Ya caló la idea de que los bancos y las inmobiliarias no pueden irse de rositas de esta. Pero uno sigue sin entender cómo están dejando a tanta gente en la calle.
Porque ellos llevan meses sin apenas pegar ojo. Noches en las que mil preguntas dejan sin sueño a cualquiera. Cómo hemos llegado hasta aquí. Por qué firmamos aquel papel. Cuándo volveremos a disfrutar de un techo propio.
Hoy, detrás de tanta impotencia, Jaime ha sacado humor de entre las entrañas y ha contado la conversación que tuvo anoche con su hijo.
Papi, ¿no vamos a comprar ni el árbol de Navidad?
No... pero quién sabe, si mañana nos mandan a la calle, lo compraremos para ponernos debajo en un puente.
Se le ha escapado una tímida risa. A mí me han entrado ganas de llorar.
La foto es del gran Tejederas.
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22 Octubre 2011
Me imagino a toda esa gente que lleva años cansada. Demasiado tiempo asomados a la ventana esperando ver el final. Apagando la radio un día más porque las noticias hablaban de un nuevo atentado.
Por eso creo que es una buena noticia. Se puede ser cauto y realista. Se puede ser entusiasta y optimista. En ambos casos es una buena noticia.
Cómo lo ha digerido el periodismo de este país merece mil reflexiones aparte de esta. Pero está claro que si hay periodistas que se emocionan y titulares que apuestan por un futuro soleado y medios que sólo quieren sacar tajada es que esta profesión está enferma.
Viví de cerca el atentado de Viladecavalls y de la Diagonal en Barcelona. Fui a la manifestación tras la muerte de Lluch. Pero hoy lo que más he recordado ha sido lo que le dije a Javier Arenas tras el atentado de Sevilla. "Haced algo". Hoy les toca tener presente el papel que van a jugar en nuestro nombre.
Es un día inolvidable. Ahora podemos apagar la radio. Cerrar la ventana. Y salir a la calle a disfrutar de la idea de que en muchas calles ya no habrá silencios, insultos o demasiadas lágrimas causadas por unos cuantos. Como decía Francino, se acabó.
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14 Octubre 2011
Siempre he pensado que los entornos asfixiantes sólo llevan a un callejón sin salida. Que leer prensa afín a la ideología de uno mismo, votar lo que todos tus amigos o escuchar siempre las mismas canciones no es cosa buena para los tiempos que corren.
Por eso leo y releo la entrevista de Mónica Ceberio con una víctima de ETA que tuvo el valor de sentarse frente a un preso arrepentido de la banda. El ex miembro de ETA insiste: "el entorno nos anula, nos aniquila la voluntad individual". Y una afirmación de esas que no se olvidan jamás: "para muchos, ser detenidos es una liberación porque por fin llega la calma".
Pensaba de nuevo en esta entrevista después de hablar con P. En unos minutos me contó que había dejado de ser violento. Que ya no tiene gracia ponerse a la altura de los que arreglan las cosas a golpes. Y me escenificó la vida tan diferente que ahora lleva en pocas palabras: "hace dos años yo hubiera reventado esa puerta".
Sólo acerté a responderle que no sabía cómo me alegraba de que en ese momento estuviera charlando conmigo. Y no dejándose llevar por el dichoso entorno para acabar pegándole patadas a una puerta.
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23 Septiembre 2011

N. lleva diez años en España. Y cuando le pregunto cómo le ha ido todo este tiempo apenas le salen las palabras.
Porque a N. nunca le ha faltado trabajo. Pero a su familia la dichosa crisis se la engulle cada día un poco más. "Al principio -nos cuenta- cuando las cosas iban mejor, mi marido y mis hijos no tenían papeles. Así que trabajaban pero los estafaban. Porque sabían que no denunciarían. Y ahora que tienen papeles... no encuentran trabajo".
N. en cambio no entiende de paro. Y sí de trabajar de lo que sea y donde sea. A veces ha cogido un tren durante una hora para limpiar una empresa por media hora. Por eso dice que la hicieron fija. Trabaja mañana, tarde y noche. Pero es el único sueldo que llega a una casa en la que cada vez hay más colchones tirados por el suelo. Los que se han ido quedando sin trabajo se han mudado a su casa.
A veces desea regresarse a su país. Pero se lo piensa dos veces y nos cuenta que no va a bajar los brazos tan fácilmente.
A punto de irnos nos dice que de esta el único que nos puede sacar es Dios. Porque en los políticos, dice, dejó de creer hace tiempo.
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13 Julio 2011
La sonrisa de Ionita la delata. Está radiante porque hoy le han dejado pintar el patio. Su patio. Donde disfruta de muchas horas junto a su hijo de dos meses. Aunque la palabra disfrutar adquiera un rol diferente cuando se trata de hacerlo entre las paredes de una prisión.
Ionita lleva diez meses aquí. Antes de hablar con ella me advierten que no puedo preguntarle qué hizo para que acabara aquí. No tenía intención de hacerlo. Lo que quería era saber las actividades que hace para sobrellevar el día a día. Si se siente una privilegiada al poder estar tantas horas con su hijo (esta prisión es la única que lo permite en Cataluña). O el por qué de su sonrisa de hoy:
"Antes las paredes eran blancas y grises. Muy tristes. Hoy son azules, mucho mejor".
PD. La foto es de Danny Caminal.
servido por Alberto
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