Cualquier párrafo de todo lo que se ha escrito sobre él y cada escena en la que es majestuosamente interpretado por Morgan Freeman en Invictus denotan una sencilla y ejemplarizante conclusión: Nelson Mandela salió de la cárcel para apostar por los valores de los que carecían, precisamente, los que lo encarcelaron.
En un reportaje más que recomendable, Nelson Mandela marca algunas pautas del camino que trazó cuando dejó atrás Robben Island: equilibrio, disciplina y madurez.
¿Alguien imagina un líder actual que se le asemeje?
Un día mi mejor amigo, hace muchísimos años, se presentó en mi casa con El grito del tiempo bajo el brazo. Venía a hacerme una copia de su vinilo y, entre risas e historias, me aconsejó que nunca viera Duncan Dhu en directo, ya que perdían mucho. Siempre le he hecho caso.
Ahora seguramente calificaría esta canción de ñoña... a mí me gusta... y, como bien me aconsejó, es mucho mejor su versión estudio que en directo...
Escuchaba esta canción camino de Las Alpujarras. Volvía después de descubrirlas hace doce años. Y fue un placer comprobar que, aunque más explotadas turísticamente, conservan buena parte del mismo encanto.
Como cada Navidad, disfruté de la mejor compañía... de las risas, los choricitos y el calor inigualable de una chimenea... El sol que nos hizo olvidar las lluvias de Jerez, las vistas desde Pampaneira, Bubión o Capileira, el famoso plato alpujarreño o las estrellas de cada noche confundidas por el vaho de una buena noche de invierno completaron un menú más que agradable... No quiero ni imaginar lo pesado que me pondré cuando Sofía y Miguel sean grandes, y yo les aburra contándoles las historias de aquellas casas rurales en las que tanto nos divertimos...
Supongo que la base de muchas manías es completamente irracional. E insostenible, si me apuran.
Marías odia a todos los alcaldes de Madrid. Reverte odia a Javier Solana. Y cualquiera odia a alguien por la misma razón: sin saber por qué.
Pero el caso es que cada día que pasa mi queridísimo alcalde me parece más inepto. Ya le dediqué un post, pero mi honestamente admirado Javier Martínez me lo ha vuelto a recordar: no es un político "de bajo perfil". Es que no tiene perfil.
El origen de nuestra relación fue el macrobotellón de Barcelona. Hereu, entonces concejal de Seguridad, se encargó de defender la actuación de la Guardia Urbana. Las declaraciones que hizo al día siguiente de los 68 heridos y los 54 detenidos me parecieron de manual. De manual del político sin tablas ni cintura.
Durante el año nos castiga con medio casco histórico paralizado (Fiesta del Cielo, Sónar, Pride Parade, Tour de Francia...), servido con hielo y aceituna para los turistas. Y nada para los que vivimos aquí.
Hace dos días se apuntó a la moda de las ruedas de prensa sin preguntas. Dos periodistas nos quisimos saltar la absurda regla y él no sabía hacer otra cosa que levantar los hombros.
No recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché aquel nombre, Bellaterra. Lo que no olvido es que en ese bosque me aguardaba un enorme campus, mil asignaturas y una lengua que fácilmente asimilé (por mucho que algunos, los mismos que ni leen ni viajan, insistan en no creerme).
Cada vez que vuelvo, la niebla de siempre y la incertidumbre de aquellos primeros días me invade como un grato recuerdo. Recorro los mismos pasillos de siempre, aunque mi nombre ya no sale en las listas de clase ni saludo a ningún compañero. Sólo me quedan esos cafés con Xavi, entre anécdotas, risas y muchos planes para cambiar esta profesión tan denostada, con los que rescato aquellos días de apuntes, reivindicaciones y los siempre temidos exámenes.
"Sí". Cuando me preguntan si vale la pena esta profesión, siempre respondo lo mismo.
Pero, a pesar de esa respuesta contundente y reivindicativa, a veces uno duda. Como cuando esta noche, sin saber por qué, me han venido algunos trazos de esas imágenes que uno nunca imaginó vivir. Esos momentos en los que un iluso periodista se muerde la lengua, traga lento y desea, sobre todo, estar lejos de ese lugar. Lejos de "el lugar de los hechos", que maldicen.
Lejos de aquellas tristes fotografías, en blanco y negro gracias al visor. Y que, aunque apenas duraron un instante, me provocaron "una quemadura en la retina y en el alma", como dice Ismael.
Mañana seguiré, buscando esas historias que acaban con una sonrisa en la boca. E intentando dejar atrás esas noches de plásticos, silencios, llantos y preguntas sin sentido alguna. Las noches que preceden a las mañanas de los titulares, cuando todos nos hemos ido.
Me recuerda a la sensación que me invadía cuando me adentraba en los primeros capítulos de Lost, Prison Break o 24. Sólo llevo tres capítulos pero no paro de hacerme preguntas.
¿Por qué?
Porque la intriga está bien tejida. Porque hay un buen reparto (Joseph Fiennes y "Charlie" y "Penny " de Lost, entre otros), contados efectos especiales y paranoias extragalácticas (las mismas que me han hecho cansarme de Lost). Y porque contiene algunas dosis de las mejores series. Prueba de ello, la idea central de la serie: toda la población mundial se desmaya durante 137 segundos. Durante ese tiempo, cada persona tiene visiones de futuro. A partir de ahí se abre todo un mosaico de casualidades, destinos, reacciones...
Por eso yo y tanta gente está ya viciada con cada capítulo...
No recuerdo cuándo fue la primera vez que oí que Eddie Vedder estaba componiendo la BSO de una película. Que el guión era buenísimo, basado en una historia real, la de Chris McCandless. Cuando supe que la dirigía Sean Penn, ya sólo me quedaba comprar la entrada y disfrutar.
Y así fue.
La música es una delicia. Y si Vedder te deja frases como estas, toca pensar...
Tenemos una codicia con la que hemos pactado...
y tú piensas que tienes que querer más de lo necesario...
Cuando se juntan buenos ingredientes, el resultado no puede ser otro. Cuando un director y guionista como Daniel Sánchez-Arévalo y dos actores como Antonio de la Torre y Raúl Arévalo se ponen a hacer películas, estas acaban siendo buenas.
Sus historias son buenas, enternecen, entretienen y en pocas ocasiones te dejarán indiferente. Si acaso tendrás en el estómago una sensación agridulce, después de haber reído y llorado. Como si te hubieran contado un chiste buenísimo y al cabo de un momento te hubieran dicho que alguien se está muriendo. Casi como la vida misma.
Sales del cine y piensas que eso de la crisis en el cine español es una falacia. Y que estos tres tipos destilan (y mucho) talento.
No. No soy un mochilero profesional. Ni he dado la vuelta al mundo.
Nací en Jerez. Y amo el Sur de mis recuerdos. Porque en Jerez, como en Rota, en Zahara de los Atunes o en Granada, fui feliz. Y vuelvo a serlo cada vez que regreso. Y sonrío.
Vivo en Barcelona, con lo que logré cumplir un sueño. Barna también me ve sonreír, cada mañana. Aunque la engañe con mi amante el Atlántico.
He vivido en Soria, Sevilla, Rouen y Lyon. Inolvidables.
Y viajando descubrí... las melancólicas Buenos Aires y Budapest, el vertiginoso DF, la impoluta Zurich o las mágicas San Felices, Besalú o Samotracia.
Lo que aprendí, sin embargo, lo cuentan mejor Madina ("a un terrorista le diría que viajara y que leyera") y Drexler ("vale más cualquier quimera, que un trozo de tela triste").