El Sena al fondo
Una lluvia fina, constante. Las casas con rayas como cebras. Colas en una “boulangerie” que desprende un olor inolvidable. Ojos azules, en cualquier esquina. Una terraza de cara a la vida, a la calle, con un café, un diario enorme y un rostro poco somnoliento. El agua que corre a ras de suelo, y que se cuela en mis oídos. El Sena al fondo, como el paisaje de estrellas de un belén navideño.
Una cerveza a cualquier hora, y un bocadillo con cualquier queso a mediodía. Un hombre con un ramo de flores, que se confunde con un puesto de tomates, fresas y melones diminutos. Postales y diarios extranjeros, para contados turistas. El paso por “l’Horloge”, en obras. Un gendarme le da la espalda a un hombre acompañado de una botella, pensando que debe estar cansado de beber. El hombre, sin embargo, parece cansado de vivir. Una lavandería en silencio. El continuo tintineo de saludos y “ça va?”, como las campanas que suenan al entrar en una tienda.
Una cola de rostros ilusionados, que se derrumba ante la frialdad y la desidia. Paciencia y hospitalidad en forma de cinco soles, a cual más sorprendente y resplandeciente. La misma televisión y la misma radio que en el Sur de los recuerdos. El despertar junto a un maullido, y el acostarme a la luz de una farola eterna. Pan recién hecho y alguna risa, en medio de una calle mojada.
Una postal que vuela alto, y una carta que no llega. Una dulce infusión, o un vino suave de la cosecha de 2000. Y el sol que sale, imprevisto, regalándote su mejor sonrisa…
Felicis dijo
Y uno que yo me sé perdido en la estación de Sant Lazare cual Paco Martínez Soria, incapaz de coger un tren y pensando que iba a morir de inanición. Pero qué bonita Francia!!!
Ya ves cómo me estreno como comentarista de tu blog, boicoteándote el buen rollito français (como gañán que soy) con este guiño que más que guiño es el recuerdo de uno de los momentos más terroríficos de mi vida. Aún puedo verme ante el taquillero desesperado gritándome "LAF!!! LAF!!!!" y yo queriéndome morir porque no entendía nada.
Y claro, como el destino es lo que tiene, ahora, muchos años después, a tu amigo el cateto de Sant Lazare le toca ahora, al menos una vez al año, hacer acto de presencia en gabacholandia para que no haya problemas maritales...
PD: Lo que decía el taquillero, lo supe después, era "Le Havre". Una bella ciudad en la costa normanda en la que me quemé toa la espalda.
Un abrazo, Alberto!!!!!
Felicis
29 Noviembre 2007 | 10:03 PM