Muy profesionales
9.55. Iluso de mí, pretendo ir a la Fnac a cambiar un libro y coger un tren a las 10.18.
10.03. En la Fnac ya hay colas en la sección de entradas y en la de cambios y devoluciones. Pero nadie, obviamente, en el puesto donde envuelven los regalos, por lo que no está ni el encargado. Y delante de mí, en la sección de cambios, dos jóvenes encargados intentando solucionarle el problema a una clienta extranjera. Dos, porque uno traduce al inglés lo que explica el otro.
Los minutos pasan y ya me veo sin libro y sin tren.
Y es ahí cuando llega lo mejor de la escena. El encargado de envolver los regalos aparece, con cara de sueño, para observar de cerca el problema de sus compañeros. No abre la boca. Y, para más inri, mira de soslayo las colas de clientes como el que mira llover. En esas, requiero la atención de su mirada y le pregunto, aún más iluso:
- ¿Podría atendernos?
Y ahí viene la gran respuesta que cualquier cliente espera. La afirmación de todo joven profesional y preparado que quiere dar una imagen segura de sí mismo, cinco palabras tras las cuales cualquiera le pediría su tarjeta para contratar sus eficientes servicios:
- Es que yo trabajo aquí.
Me lo temía. Como cuando se me ocurrió solicitar mi título universitario a través del consulado de Lyon. O cuando voy a Correos. O cuando otra empleada también estuvo a punto de hacerme perder otro tren. Puros profesionales.
Y es que ya lo decía Pérez Reverte en 1992, cuando España quería llegar a Maastrich:
Así, no es que no llegemos a Maastrich. Así es que no llegamos ni a la esquina. Aunque si en la esquina hay un bar, entonces puede que lleguemos
miriam dijo
No soporto las colas. ¡Son lo peor! Sobre todo cuando, al margen de expertos trabajadores como los de tu relato, hay listos que se cuelan. He descubierto que en algunas ocasiones tengo el poder de la invisibilidad. La putada es que no la controlo. Suele pasarme en las colas de los cines, de correos, del bus o de la carnicería. En alguna ocasión me ha pasado circulando en coche y, desde hace un tiempo, casi siempre me pasa yendo en bici. La verdad es que es un poder cojonudo si no fuese porque es autónomo e independiente. Una lástima. Una putada como las colas y los ineptos que las generan. Por cierto, ¿qué libro era?
23 Julio 2008 | 08:20 PM