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La Coctelera

Ida y Vuelta

Un intento de mirar la vida a través de los viajes

7 Septiembre 2008

Tres países, dos fronteras, un placer

Creo que, una vez más, acertamos con nuestro destino. Con el punto de mira colocado hacia el Mediterráneo y el Adriático, y después de darle vueltas a las diferentes posibilidades, nos decidimos por Eslovenia y Croacia, con una breve incursión en el norte de Italia entre las dos naciones ex yugoslavas. Pretendíamos combinar el verde de la sorprendente Eslovenia con el azul de la caótica Croacia.

Y así fue. Aterrizamos en medio de un frondoso bosque de Liubliana, para llegar a conocer una capital fascinante, sosegada y con una vida que fluye en torno al río. Nada que envidiar a las imponentes Praga o Budapest. Hacia el norte del país nos perdimos entre bosques, ríos, un parque natural espectacular y lagos de color esmeralda. No es poesía barata, es cierto.

La llegada a Venezia fue calurosa y algo anárquica. Por algo estábamos en Italia. Pero con una amiga de guía nos dejamos llevar por callejones, el aperitivo más de moda en la región o una cena impagable en una terraza de cara al Bovolo.

De ahí a Croacia. Primero nos dejamos llevar por la costa, con la grata sorpresa de Piran. Visitamos el parque natural de Plitvice con sus inolvidables cascadas y, sin parar de disfrutar de cada rincón, volvimos a la costa dálmata. Zadar, Trogir y, sobre todo, Primôsten nos regalaron unas calas que no tienen nada que envidiar a la asediada Dubrovnik. El descenso acabó en el majestuoso puerto de Split, para volver, ya por el interior, a Eslovenia. Parada obligada en Zagreb, la que fue e intenta volver a ser, y en el último paraje de la Eslovenia profunda, aquella en la que nadie te entiende y donde el verde se funde con el cielo de manera inolvidable.

Y en el recuerdo... los mil momentos de incomprensión con el esloveno o el croata... el color de las calas, el silencio de los bosques, la gente reservada pero amable, los cientos de vueltas que le dimos a cada mapa, una noche gélida, mil cervezas al sol... y, cómo no, las ganas de seguir viajando y conociendo...

PD. Las fotos, de Anna, son en Liubliana (las dos primeras), Bled, Venezia, Zadar, Izola y Piran.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Diana Solorzano

Diana Solorzano dijo

Hola Alberto!!!

He revisado tu blog y me ha parecido muy bueno!!!!

Me gustaría invitarte a visitar nuestro sitio web www.airportdesk.es es
una página muy interesante, con consejos prácticos sobre las
instalaciones de los distintos aeropuertos, que tipo de servicios ofrecen a
los pasajeros, y forma de transporte público disponibles.

Nos gustaría conocer tu opinión sobre nuestra página y si estarías
dispuesto a poner un link desde este post sobre tu viaje a Croacia y
Eslovenia hacia nuestro link directo con el aeropuerto de Zagreb
(http://www.airportdesk.es/airports/europa/croacia/aeropuerto-de-z...) como una forma de ayudar a las personas que visitan tu sitio con esta útil información. Si es que te interesa se podría hacer lo mismo con las otras ciudades que has visitado, o planeas visitar para que cada ciudad tenga su enlace directo con el aeropuerto correspondiente.

Esperamos tener noticias tuyas pronto, y cualquier comentario o sugerencia son bienvenidos.

Saludos,
Diana Solorzano
www.airportdesk.es

11 Marzo 2009 | 01:44 AM

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Ida y Vuelta

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No. No soy un mochilero profesional. Ni he dado la vuelta al mundo. Nací en Jerez. Y amo el Sur de mis recuerdos. Porque en Jerez, como en Rota, en Zahara de los Atunes o en Granada, fui feliz. Y vuelvo a serlo cada vez que regreso. Y sonrío. Vivo en Barcelona, con lo que logré cumplir un sueño. Barna también me ve sonreír, cada mañana. Aunque la engañe con mi amante el Atlántico. He vivido en Soria, Sevilla, Rouen y Lyon. Inolvidables. Y viajando descubrí... las melancólicas Buenos Aires y Budapest, el vertiginoso DF, la impoluta Zurich o las mágicas San Felices, Besalú o Samotracia. Lo que aprendí, sin embargo, lo cuentan mejor Madina ("a un terrorista le diría que viajara y que leyera") y Drexler ("vale más cualquier quimera, que un trozo de tela triste").

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