Regalo

Me los encuentro cada mañana. Puntuales, preparados, con caras de haberse despertado hace ya varias horas. Incluso en los días más fríos, en los que el viento helado intenta robarte la sonrisa.
Son mis queridos abuelos. Toda una serie de jubilados extraordinarios que el azar hizo que conociera para jugar al tenis por las mañanas. Y prometo que cada momento que paso con ellos es impagable.
Joaquín fuma Ducados justo antes y después de cada partido. Quizás el más entrañable, quizás el que más me aprecia. Mercedes me sorprendió con su juego y su vitalidad cuando apenas habían pasado unas semanas de que la operasen. De hecho, la mayoría están operados. Y discuten. Y juegan al dominó. Pero me han adoptado como un nieto en una relación tan honesta como el propio deporte.
Zaragoza pega el drive con la mano derecha y el revés con la izquierda. Ver para para creer. Y no es el único al que he visto hacerlo. Antonio siempre me pregunta quién ha sido mi último entrevistado. Y Josep me grita, entre punto y punto, que de mayor quiere jugar como yo.
Por eso, a pesar del frío, sonrío camino del club. Porque sé que me encontraré a un grupo de abuelos que, renqueando, han superado más un escalón en este rompecabezas que llaman vida. Y que, con el juego resuelto, se levantan temprano. Y que jugarán conmigo, entre risas y anécdotas que traspasan cualquier diferencia de edad. Haciendo de un sencillo partido un regalo eternamente agradecido.
PD. Dedicado... a Jaume Cunillera. Otro de mis preferidos. Pero que ya no está. Siempre me decía "es igual como quedemos, cuando llegue a casa le diré a mi mujer que he ganado".
La foto es de Anna.
guso dijo
Ahora comprendo por qué tienen su punto de celos cuando, por un día, decides dejar de lado la raqueta y jugar al pádel con los más "jovencitos".
2 Diciembre 2008 | 11:58 PM