Campeones
Entro en la Tesorería General de la Seguridad Social. Al pasar por el control de metales, veo que el guardia de seguridad no me hace ni caso. Está pegado al móvil (y, obviamente, no se trata de una conversación de trabajo). Podría haberme colado con una de las armas favoritas de Aznar, las de destrucción masiva, que ni se hubiera dado cuenta.
Hoy es uno de esos días en que extraño mi trabajo en una fábrica de Lyon. Volvería encantado a mi condición de currante, sin planteamientos laborales ni metafísicos... y, sobre todo, sin colas.
España es el país de las colas. Y, en mañanas como la de hoy, es cuando uno odia su propia patria. La de las cervecitas, las tapas, los chistes, el cigarrito, la hora del desayuno, el facebook y los correos tontos, la siesta, el "pregunte en aquella ventanilla", el "vuelva usted mañana" y, por supuesto, la tierra de las colas.
¿Alguien podría decirme dónde no hay colas? Quiero decir, ¿dónde puedo encontrar un mostrador donde todos los trabajadores atiendan a la gente, en vez de mirarte con cara de "siga esperando porque yo tengo mil cosas más importantes que hacer"?
Salgo un momento de la Tesorería para hacer unas fotocopias (que ya de paso me pregunto, ¿un organismo no podría tener, aunque fuera pagando, un servicio de fotocopias?). El de seguridad, a la suyo y con el móvil pegado a la oreja.
Antes de Tesorería he tenido que pasar por Hacienda. Maravilloso lugar que me ha proporcionado dos momentos más de gloria laboral. Bajo un cartel que ponía "IVA" le he realizado a un hombre una consulta sobre el IVA. "Ah, ¿eso te dijeron aquí? No sé", ha sido su respuesta. Al salir con semejante información en mis neuronas, me he cruzado con unos cuantos funcionarios que venían... de fumar...
Aquí nadie pega ni sello. Nadie responde los mails, nadie te devuelve una llamada y, aún peor, casi nadie paga (excepto las rondas). Por eso cuando los extranjeros vienen aquí de vacaciones alucinan, porque todo vale. Barra libre. Por eso cuando un equipo gana un campeonato hay miles de personas, a las tantas, en el aeropuerto. Porque al día siguiente no hay nada que hacer. Porque para eso sí que somos campeones.
Decía Pérez Reverte, en 1992: "así no sólo no llegamos a Maastrich. Así es que no llegamos ni a la esquina. Aunque si en la esquina hay un bar, quizás...".
Lo dicho.
Acabo mi gestión en Tesorería. Mi querido guardia de seguridad ya no habla por teléfono. Ahora está escribiendo un sms.

captaingomez dijo
Tienes mucha razón. Cada día pienso más en el exilio voluntario. Ir a un país que funcione.
13 Mayo 2009 | 05:51 PM