Un par de botones
Debe ser que ya queda poco. Pero no puedo evitar fijarme. En los gestos. En las sonrisas. En esa ternura que tanto deseo tener entre mis manos.
Hoy era un chico que tendría unos siete años. Ya hacía un poco de frío, por lo que el padre, que iba un par de metros por detrás de su hijo, le ha llamado por su nombre. No ha hecho falta que lo repitiera. O que gritara. Sencillamente el pequeño se ha quedado quieto. El padre ha llegado hasta dónde estaba parado y le ha abotonado bien el abrigo que llevaba.
Y mientras el padre le abrigaba, el chico estaba quieto, con las manos caídas. Dejándose hacer. Como queriendo decir que, aunque su padre a veces se ponga un poco pesado con esas cosas, por algo será.
Quedan muchos de esos niños. Como el del tren y la del patio de Pérez Reverte. Sensatos, correctos, de risa sana. Los mismos que nos hacen pensar que vale la pena.