7.38. Cada uno en su asiento. Los únicos sonidos, los avisos antes de llegar a cada estación y el mar que se cuela en el vagón cuando se abren las puertas. Nadie habla.

T. lee el National Geographic porque piensa que no todo van a ser los diarios gratuitos. M. no puede disimular su cara de cansada, anoche al más pequeño le costó coger el sueño. R. desprende un fuerte olor a pelo recién lavado, mientras lee los actos de la feria de su pueblo. Sí, sabe que sólo es martes pero cada año se lo pasa en grande y está deseando que llegue el sábado. C. echa un sueñecito porque sabe que volverá cansada del hospital. Hace ya días que repite el mismo trayecto y espera que a J. le den pronto el alta. L. apura los últimos minutos antes de bajar del tren para ver el capítulo de anoche. Le gusta la serie pero al final se rindió y se quedó dormida. Mientras P. no deja de toquetear su iPod A. intenta no dormirse para vigilar su bolso de la playa. Lleva la crema, la toalla, un libro y todas las ganas posibles de ponerse morena. Las mismas ganas que B. de que la seleccionen. Hace ya seis meses que no va a una entrevista de trabajo y por eso repasa mentalmente lo que tiene que decir mientras mira una y otra vez el reloj. Aunque sabe que llegará unos minutos antes de la cita, cada vez que se para el tren se le encoge un poco el corazón.

8.23. Siguen sin hablar. Y todos bajan.