Un sueldo y demasiados colchones

N. lleva diez años en España. Y cuando le pregunto cómo le ha ido todo este tiempo apenas le salen las palabras.
Porque a N. nunca le ha faltado trabajo. Pero a su familia la dichosa crisis se la engulle cada día un poco más. "Al principio -nos cuenta- cuando las cosas iban mejor, mi marido y mis hijos no tenían papeles. Así que trabajaban pero los estafaban. Porque sabían que no denunciarían. Y ahora que tienen papeles... no encuentran trabajo".
N. en cambio no entiende de paro. Y sí de trabajar de lo que sea y donde sea. A veces ha cogido un tren durante una hora para limpiar una empresa por media hora. Por eso dice que la hicieron fija. Trabaja mañana, tarde y noche. Pero es el único sueldo que llega a una casa en la que cada vez hay más colchones tirados por el suelo. Los que se han ido quedando sin trabajo se han mudado a su casa.
A veces desea regresarse a su país. Pero se lo piensa dos veces y nos cuenta que no va a bajar los brazos tan fácilmente.
A punto de irnos nos dice que de esta el único que nos puede sacar es Dios. Porque en los políticos, dice, dejó de creer hace tiempo.
Juan Carlos dijo
Muy bueno y muy real
19 Octubre 2011 | 05:25 PM