En casas amables
Llegamos a Lleida con algún grado bajo cero. Pero el frío desaparece en cuanto Milagros nos abre la puerta de su casa. Entre risas y amabilidad nos cuenta su historia. Y no entra en detalles de los escalones que ha tenido que sortear porque es lo de menos. Es de esas personas que no se rinde. De las que da rabia despedirse.
Cuando entramos en la casa de Cambrils de Santiago se respira alivio. Y antes de atendernos Santiago sólo nos pide que esperemos a que se fume un cigarro. A Santiago la mala suerte y la horrible burocracia le dejaron cinco meses en la cárcel. Y en vez de comenzar a recuperarlos y abrazarse a su familia sin cámaras nos atiende con una paciencia sin límite. Sólo nos pide el tiempo de un cigarro.
Alberto nos regala tanta amabilidad y paciencia nada más abrirnos su puerta. En el recibidor nos anima a bajar al sótano, en el que vemos todo un museo de recuerdos. Ya en un sofá hablamos de Francia, de cultura y de la hipocresía de los políticos de siempre. En las pausas disfruta de un fino. Cerrando los ojos para que no se le escape el aroma jerezano.
Entrevistados sencillos. Sin prisas ni prejuicios. Que entienden nuestro trabajo con una complicidad con la que uno olvida, por momentos, las mezquindades de otros días. Así que mil gracias a ellos... se merecen el reportaje más decente del mundo.
PD. Milagros es la de la foto. Con sus hijos. Como dice ella, "los ojos que le animaban a seguir intentándolo".